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LA OTRA CARA DE LA MONEDA: dimensión de la cultura que debemos cambiar

Por Bernardo Silfa Bor


Todo conjunto de conocimientos, costumbres, obras artísticas y literarias u otro tipo de las personas de un lugar o de una época, es a lo que en el definidor de vocablos se le designa como cultura. Pero, no es menos cierto que toda manifestación realizada por el hombre se asume como cultura. Así se consigna en la sentencia “todo lo que el hombre hace es cultura” la cual podemos encontrar en algunos libros de historia de la cultura. De hecho, cada acción de esa inteligencia que es el ser humano, crea unos patrones conductuales que se van compilando como costumbres, tradiciones, leyendas, fábulas, historias, mitos..., es decir, se va creando la cultura de los pueblos.
La cultura es el hombre mismo y el hombre en sí es la cultura. Pueblo y cultura son unidades monolíticas insolubles perpetuadas en el tempoespacio existencial del hito universal.
A partir de esa conceptualización de la cultura - todo lo que el hombre realiza - necesariamente tienen que aparecer interrogantes como estas : ¿ Es cultura la alta delincuencia que nos azota ? ¿ Es cultura el proceso bélico armado que se da entre naciones por intereses meramente materialistas, sin que cuente el ser humano ? ¿ Es cultura la criminalidad existente en nuestro país y la mayoría de los pueblos de este mundo ? ¿Es cultura el hurtar descaradamente el patrimonio de los pueblos como es de moda en nuestros pueblos latinoamericanos ? ¿ Es cultura el alto nivel de violencia en el cual se desenvuelven nuestras sociedades ? y uno se pregunta, además, ¿Es cultura el asesinar personas inocentes ? Éstas son acciones puestas en escenas por el hombre, por lo que deben ser consideradas como parte de su cultura. Observemos que Ezequiel Ander Egg ha planteado la cultura como adquisición de conjunto de saberes y como resultante de esa adquisición, llamándole cultura cultivada. También la plantea como estilo de ser, de hacer y de pensar y como conjunto de obras e instituciones y en este plano le llama cultura cultural. Esto significa para, Ander Egg, que la cultura es lo que el pueblo cultiva. Este teórico de la cultura asegura que la cultura es un destino personal y colectivo, es decir un estilo de vida.
Esto que planteamos aquí, como se ve es estudiado y analizado por entendidos en sociología, sicología y la cultura en sí. Estos elementos que presentamos aquí son conductas inadecuadas de individuos y líderes desquiciados y desquiciantes, pero que no dejan de ser cultura. Por lo que estamos diciendo que la respuesta a las interrogantes que se derivan de esa sencilla y simple definición de cultura es un “ Sí ” fuertemente afirmativo.
Es a partir, entonces, de esa afirmación que partimos para enfocar la dualidad de sentido y significancia de la cultura, amparado además por Ander Egg.
En toda cultura coexisten la dimensión positiva y la dimensión negativa de la cultura porque el hombre así la crea. Categorizar la cultura, a partir de aquí, debe ser tarea diaria de cada una de las entidades y personas que se encargan de velar por las correctas normas que rigen el accionar humano en la sociedad, ya que no es lo mismo - hablando de cultura - participar en el Carnaval Nacional como actor del mismo que participar en hechos vandálicos que dañan a la sociedad. Esos esquemas conductuales que no son tomados en cuenta cuando se toca la temática cultura, también permean esa memoria dinámica de los pueblos, a la que se denomina cultura. Es por ello que en este trajinar de página queremos reafirmar la coexistencia en nuestras sociedades de dos esquemas paralelos de cultura a los que llamamos aquí dimensión positiva de la cultura y dimensión negativa de la cultura. Esta categorización es una tentativa de darle concreción -a la acción cultural - dentro de los planos conductuales intrínsecos al ente creador de la cultura ( el hombre ), a esa última dimensión, manifestación rechazable en toda sociedad, pero siempre sin darle atención para reconvertirla a la primera dimensión.
Debemos pues, a partir de estas dos dimensiones de la cultura preeminenciar la redefinición de programas sociales tendentes a reconvertir esas acciones negativas en acciones positivas que beneficien a todo el conglomerado social.
Pero esa (re)conversión no se va a lograr con el rechazo y el castigo, sino a través de una verdadera intención y una verdadera inversión de recursos en las comunidades y en el hombre más desprotegido. Porque no basta saber que la “acción cultural es el arma eficaz en el combate que por múltiples vías todos debemos librar para frenar la violencia, la criminalidad, la delincuencia... logrando la tranquilidad de la familia”. No, no basta saberlo, hay que enfrentarla con ahínco y seriedad. Es preciso que las “acciones culturales se pragmaticen, se aterricen a cada realidad sectorial”, para que la dimensión negativa de la cultura se reduzca “a la mínima”. Debemos todos, como un sólo canal, conducir esas energías positivas y dinámicas hacia nuestros niños y jóvenes para vincularlos al engranaje que mueve las manifestaciones sanas de las comunidades, es decir, hacia la dimensión positiva de la cultura, en busca del fortalecimiento de la convivencia en paz, a través de la participación de nuestras gentes, en las instituciones y organizaciones socioculturales, religiosas y artísticas.
Porque la cultura es “todo lo que el ser humano es capaz de producir a través de su existencia individual y colectiva” es que debemos hacer despertar en nuestra juventud ese espíritu innovador y creador positivo que lo habita en mayoría, desde el introito mismo de su existencia. Es tarea nuestra energizar positivamente toda conducta inadecuada observable en los seres que nos circundan en pro de ayudar a robustecer y fortalecer su conciencia y el rol que deben jugar en sus comunidades.
Todos en jornadas incansables, debemos avasallar esa “otra cara de la moneda” que es la “dimensión negativa de la cultura” que aquí presentamos y que proponemos se enfrente con verdadero sentido humanitario y de responsabilidad para borrar de nuestro espacio social esa sombra que amenaza nuestro hermoso existir. Hagamos todos juntos desaparecer de nuestro entorno la cultura de la pobreza, la cultura de la miseria, la cultura de minimizar al otro, la cultura de la envidia y el egoísmo, la cultura del yoísmo ..., y pasemos a hacer de la vida un racimo de uvas dulces, una lluvia de luz que humedezca el suelo fértil de la cultura de las buenas acciones, la verdad, la paz, la prosperidad, el bienestar y el desarrollo sostenido de la humanidad.
Por la memoria pulcra de la cultura que dejaremos a las futuras generaciones, pulamos hoy esa otra “cara de la moneda” para que ambas brillen intensamente igual en la positividad.

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