BERNARDO SILFA BOR
La
poesía es el reflejo del alma. Es catarsis. Es la explosión del poeta. Y este
poema es ella. Es el choque de realidades que desencajan toda una cotidianidad.
Y esa mirada contrapuesta a la otra es la que genializa la cosa dicha.
Esta tesitura alcanza la divinidad, no por la
forma, sino por el fondo tratado. Es un gran poema que habla la nostalgia como
invierno en donde el cuerpo desnudo dilata la frialdad geohumana encontrada en
el cambio, en la mudanza, en lo nuevo. Y todo ello, a pesar de las redes sociales
que proporcionan esas realidades virtuales que todos consumimos con sed y con
inmensa hambre.

O tal vez, y digo tal vez, el desarraigo de
la poeta sea impuesto como castigo. Y lo digo porque al borde de sus pasos, a
través de los cuales, en sus cenizas, hayan colado de borra una ventisca que
arrasó con todo lo vivido hasta el momento. Y es por esta razón -la razón del
poeta- que ya esté buscando una luz, una esperanza, una salida hacia el
regreso, porque el infierno se le congela de vacío.
Y es ahí en donde se hace posible la poesía
del poema y el poema en la poesía. Ahí es donde el poema se hace poema. Ahí, en
la sospecha eterna de la sospecha, porque "no hay un solo montículo en el
nuevo parque que de albergue a esta nostalgia". Y es que ni la poeta, ni
todos los y ni las poetas del planeta tienen la sospecha de que a mí también se
me congela de vacío este infierno; como sospecho, a todos y a todas, en estos
sórdidos días de existencia.
La poeta Sol Lora niega y siempre negará lo establecido.
La rebeldía es la luz de su Sol. Es que con ella camina, a todas horas, la
duda. Por todo ello es que sigue en línea ascendente hacia la búsqueda cifrada
de sí misma en este cosmos nebuloso, pero con túneles de luces.
Como he dicho en varias ocasiones, acerca de Sol Lora,
quien ahora reside en Zaragoza, España, tenemos poesía y poeta de calidad por
toda la eternidad.

HORMIGA EN INVIERNO
Sol Lora
Hormigas grises bostezan asfalto,
donde árboles secos tiritan humo gélido de los labios…
Quizás hubo un castigo al borde de unos pasos
que en sus cenizas hayan colado de borra una ventisca.
Aun puede que, todos equivocados,
hayan salido de compras
por un sobretodo azul y con capucha,
sin suponer que del hielo no le sudarán las manos…
Ando buscando un trozo de suelo húmedo con las narices,
en el nido donde la pobre obrera protectora,
rocíe su beso estéril;
pero no hay razón en suponer que de una nana
bocete la canción para un regreso…
Probablemente es la altitud la que me aparta
de la tierra del sol que fue calor en todo tiempo.
La picadura ya envenena a un largo olvido
y esta tos es alérgica a los sueños de palmeras
que se escapan con la luna por mis ojos…
No, no hay un solo montículo en el nuevo parque
que de albergue a esta nostalgia,
ni que esculpan de oro la historia en las catedrales…
En la avenida está puesto un desnudo
y lleva dilatado el frío entre el abrigo…
Este infierno se congela de vacío:
¡Probablemente es invierno!
06 de Febrero, 2014.
Sol Lora
Hormigas grises bostezan asfalto,
donde árboles secos tiritan humo gélido de los labios…
Quizás hubo un castigo al borde de unos pasos
que en sus cenizas hayan colado de borra una ventisca.
Aun puede que, todos equivocados,
hayan salido de compras
por un sobretodo azul y con capucha,
sin suponer que del hielo no le sudarán las manos…
Ando buscando un trozo de suelo húmedo con las narices,
en el nido donde la pobre obrera protectora,
rocíe su beso estéril;
pero no hay razón en suponer que de una nana
bocete la canción para un regreso…
Probablemente es la altitud la que me aparta
de la tierra del sol que fue calor en todo tiempo.
La picadura ya envenena a un largo olvido
y esta tos es alérgica a los sueños de palmeras
que se escapan con la luna por mis ojos…
No, no hay un solo montículo en el nuevo parque
que de albergue a esta nostalgia,
ni que esculpan de oro la historia en las catedrales…
En la avenida está puesto un desnudo
y lleva dilatado el frío entre el abrigo…
Este infierno se congela de vacío:
¡Probablemente es invierno!
06 de Febrero, 2014.